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En Chile, los casos de VIH han aumentado por encima del promedio para latinoamérica, con muchos casos detectados en una etapa en donde ya de nada sirve la terapia antirretroviral. ¿Nos enfrentamos a una generación sin miedo?

 

Chile nunca ha sido un ejemplo en torno al manejo de políticas públicas en torno al VIH/Sida, pero existía un aparente control sobre las Infecciones de Transmisión sexual. Eso hasta que la estadística comenzó a mostrar lo contrario.

Desde hace algunos años, los casos de sífilis y gonorrea, que son de notificación obligatoria al Ministerio de Salud en el sistema público y el privado; encendieron la alerta de que algo sucedía, pero cada Gobierno de turno hizo caso omiso a lo que podría venir después.

Yo mismo tuve la oportunidad de formar parte de una ONG cuyo foco se encuentra en la prevención del VIH, y pude ver los escasos esfuerzos del Gobierno central y los regionales por hablar sobre el tema. Unas de las campañas, de la mano del primer Gobierno de Piñera, usaba un lema como “Muérete de viejo, no de sida” o simplemente llamaba a hacerse el examen; mientras que la última, de la mano de Bachelet; era aun más vaga: “mientras más lo ignoramos, más fuerte se hace”. Estos intentos por cumplir con su rol social no parecen haber rendido fruto alguno, ya que los “sin miedo” (esos nacidos desde la segunda mitad de los años 90) parecen no temer a nada en un mundo que parece estar hiperhigienizado, lleno de cosas que eliminan un 99,9% de todo.

Es así que surgen interrogantes que deberíamos poder responder: ¿De verdad le han perdido el miedo a lo que nosotros solíamos temerle?¿Se sienten tan seguros al saber que existen hoy múltiples opciones de pastillas para casi todo?

Al no ver a sus amigos morir como si fueran moscas, no tener que escuchar dudosas leyendas urbanas como la de la caja o sobre negro en el velador después de la fiesta, al no ser el vih un tema que hablen abiertamente, puede que nos estemos enfrentando a adultos que ya no tienen miedo de ser parte de la estadística o sienten que no hay diferencia entre ser o no ser seropositivo.

Mientras el Gobierno no haga una campaña que hable desde todos los posibles puntos de vista y que la sociedad abra un real debate, uno sincero y sin prejuicios morales añosos heredados desde la religión; va a seguir existiendo una nueva camada de esta generación sin miedo, en donde todo parece normal y creen que nada puede hacerles daño.