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Desde hace algunos años las distopías se han tomado diversos ámbitos de la sociedad, desde los libros a las películas, muchas veces con aterradoras similitudes con la realidad.

 

 

¿Por qué las distopías se han vuelto tan populares últimamente? Es cosa de ver cómo el cine y la literatura juvenil se han inundado de tramas en donde la sociedad parece estar del revés, con ciudadanos con pocos o ningún derecho y un gobierno que demoniza libros o reglamenta la violación.

La respuesta es muy fácil: esas cosas ya han pasado. Bien lo sabe la autora canadiense Margaret Atwood (n. 1939), autora de “El cuento de la criada”.

Para escribir su novela, adaptada al cine en 1990 y desde 2017 en Hulu como serie; en donde una sociedad teocrática considera a las mujeres fértiles como un bien ante los problemas de natalidad, normalizando la violación ritual de un grupo de ellas denominadas “criadas”; se inspiró en lo que leía en los periódicos. Lo peor es que nadie se ha dado cuenta de esto sucesos, nadie llega a comprender que la ficción especulativa de Atwood es un conjunto de realidades unidas para crear la distopía.

Este miedo que sentimos ante la similitud de lo que sucede en el mundo actual lo que nos atrae a la distopía, para usarla como un medio de escape y pensar que eso nunca sucedió, nunca  sucederá o, en el mejor de los casos, que debemos luchar para que no pase.

Para esto, me permitiré hacer un análisis para poder entender nuestra fascinación y miedo ante estos posibles escenarios en base a esta novela de Margaret Atwood y sus paralelos con la realidad, especialmente la Chilena.

“Ahí fue cuando suspendieron la Constitución. Dijeron que sería temporal. No había ni siquiera revueltas en las calles. La gente se quedaba en casa por las noches, mirando televisión, buscando algún rumbo. No había ni siquiera un enemigo al que pudieras ponerle un dedo encima”

De esta forma Defred (Offred en la versión original) relata cómo una facción ultra conservadora logró constuir su pequeño universo teocrático, post golpe de estado en un Estados Unidos que siempre se ha jactado de su impecable libertad y democracia.

Implantan el miedo como forma de reforzar su posición de hacer un bien común, que todo es algo temporal para salvar al país y a los ciudadanos de una amenaza que ellos muestran como real. La elite se preocupa de demostrar de forma constante que todo está bien, asegurándose de eliminar a todo aquel que no se ajuste a su forma de vida, como los denominados traidores de género. ¿Suena conocido?

En Chile , entre 1973 y 1990, se vivió bajo una dictadura que, bajo el lema de eliminar la amenaza marxista, implantó un gobierno que utilizó como arma de control la tortura, desaparición forzada y, con el tiempo, montajes para justificar la eliminación de la oposición, cuya facción más radical creía en la lucha armada como respuesta a las violaciones a los derechos humanos y la represión. Para ejecutar su plan, la dictadura utilizó desde un manualde técnicas de tortura a estrategias de marketing utilizadas por los Nazi en la II Guerra Mundial.

Ante los primeros atisbos de crítica ante la dictadura, se preocuparon de demostrar de forma constante que todo estaba bien, aun cuando casos como el de Carmen Gloria Quintana, quemada viva junto a Rodrigo Rojas De Negri (caso Quemados, 1986); hicieron eco internacional. Declaraciones de Lucía Hiriart de Pinochet, la entonces Primera Dama, resultan hoy atroces:“Para qué se queja tanto esa niña, si se quemó tan poco”.

Foto: Museo de la Memoria

Caso Quemados en el Museo de la memoria

Esto lleva a considerar otra cita extraída de la novela de Atwood: “Ignorar no es lo mismo que ser ignorante, debes trabajar en aquello.” , esto ante el escenario en donde la elite escoge ignorar los problemas que provoca, desligarse de responsabilidad y decantarla en otros. Escogen ignorar para que los demás queden ignorantes ante la realidad.

Entre las muchas formas de tortura sufridas por mujeres durante la dictadura, se encontraba la tortura sexual: desde violaciones hasta la introducción de ratas por la vagina. La meta es la degradación, no sólo como mujer, sino como ser humano. Lo peor es que, en el inconsciente de muchas personas, sigue existiendo la idea de la mujer como alguien que carece de ciertos derechos.

“La modestia es invisibilidad… nunca lo olviden. Ser vista – ser mirada- es ser… penetrada. Lo que deben ser niñas, es impenetrables” esta es la idea que parece haberse implantado en la mente de la sociedad chilena – algo que se replica en otras culturas- en donde la mujer es responsable de cada cosa que le sucede, aunque eso sea resultado de la voluntad de alguien más, de algo que es hecho sin su consentimiento.

En Chile recién ha comenzado una revolución feminista, cuyo germen se encuentra en las diversas campañas que llevaron a la aprobación de la llamada Ley de aborto en 3 causales, proyecto creado y finalmente promulgado por Michelle Bachelet.

Esto se transformó en un hito de derechos de la mujer recuperado tras la vuelta a la democracia, ya que al denominado aborto terapéutico fue legal en Chile hasta 1989, cuando la dictadura, en uno de sus últimos actos de control, la derogó. ¿La razón? “La madre debe tener el hijo aunque éste salga anormal, aunque no lo haya deseado, aunque sea producto de una violación o aunque de tenerlo, derive su muerte. Una persona no puede practicar jamás legítimamente un aborto, porque es un homicidio y todas las consecuencias negativas o dolorosas constituye, precisamente, lo que Dios ha impuesto al ser humano”, declaraciones de Jaime Guzmán , considerado uno de los autores intelectuales de la Constitución de 1980, creada en dictadura y aprobada en un cuestionado plesbicito.

Hoy la lucha feminista prosigue, esta vez como una de las olas del tsunami originado por el movimiento Me Too que visibilizó los diversos escenarios de abusos sufridos por mujeres ante hombres en altos cargos de poder. Estábamos tan incrédulos que nos acogimos a algo que inspiró una escena de la novela, mostrada en este video de la versión cinematográfica de 1990:

Culpemos a la víctima, hagámosla responsable de los actos del otro.

Hasta hoy, muchas personas reaccionan ante los relatos de torturas durante la dictadura o ante relatos que, lamentablemente, resultan cotidianos; con frases como ” pero es que se lo buscó”; algo que un juez español reforzó en el caso denominado “La Manada”, al encontrar que si la víctima no reaccionó y no opuso resistencia, no puede haber dolo al respecto.

Y esas situaciones son las que se busca que dejen de ser normales, que podamos cuestionar no el accionar de la víctima, sino las acciones y motivaciones del victimario.

Cuesta mucho ver que la ficción tiene mucho de realidad y que muchas veces optamos por ignorar lo que se vive como sociedad para poder seguir adelante, poder estar bien; conceptos que suelen ser muy manejados cuando se trata de olvidar lo que duele y nos divide como sociedad. No podemos dejar, entonces, que esta ficción a la que le tenemos tanto miedo llegue a ser una realidad y no podemos permitirnos olvidar para volver a cometer los mismos errores. No podemos esperar a estar sentados en una habitación cuestionando nuestra existencia sin saber qué o quiénes somos exactamente.

 “Si ves a una persona yendo hacia un enorme hoyo en el suelo, ¿no es un acto amigable advertirle? Margaret Atwood al Distrito Escolar de San Antonio, Texas; luego de prohibir su novela en las escuelas.